viernes, 18 de julio de 2014

ZUMAIA FLYSCH TRAIL 13/07/2014



Vista de Zumaia con la iglesia de San Pedro (s.XVI)

El año pasado me inscribí a esta carrera, pero un imprevisto de última hora me impidió correrla y me quedé con las ganas. No planifico mis temporadas deportivas, ni siquiera pienso que el conjunto de carreras en las que participo cada año merezcan ese nombre, pero siempre hay 2, 3 ó 4 pruebas que se cuelan entre mis buenos propósitos de Nochevieja. Para este año tenía Alto Sil, Zumaia Flysch Trail y Maratón de Berlín.
La primera sigue siendo como esa novia de personalidad difícil, que te vuelve loco en el mejor de los sentidos y también en otros que te gustaría poder evitar. Por supuesto que pienso volver a verla en 2015, pero espero no repetir la cagada de este año.
Berlín, porque Bego y yo nos lo debemos desde hace demasiado tiempo y ya va siendo hora de que nos lo cobremos, y además porque todo el mundo habla maravillas de esta carrera. Como de momento he decidido seguir corriendo un maratón de asfalto al año, la elección para 2014 parecía clara y la ‘lotería’ acabó de confirmarlo.
Con mis dos 'prescriptores' de la dieta Zumaia
Y queda Zumaia. ¿Por qué se coló esta carrera entre los 3 objetivos 2014? La primera razón la he apuntado al principio, en realidad era un objetivo de 2013 que no pude cumplir.Pero sobre todo, esta elección tiene dos nombres propios: Alberto y Juanlu. Con su participación en esta edición, entre los dos suman 9. Considerando que éste era el 6º año que se celebraba, está claro que son 2 de los mejores fans de la prueba. Y yo, que además de amigo soy lector fiel de sus crónicas, tenía claro que este año no se me podía escapar. Y mis expectativas se cubrieron sobradamente.
Bego y yo salimos el sábado por la mañana en la furgo con intención de llegar a la hora de comer. 4 horas y media más tarde estamos en Zumaia. Después de un paseo para estirar las patucas, elegimos una taberna del centro para el primer avituallamiento líquido y sólido. Convenientemente alimentados e hidratados, nos vamos a la playita a descansar. En mi caso a echarme una siestón, que termina 20’ después con los gritos de una tía a la que la marea le ha dado un remojón imprevisto. A 2 metros de mí han montado una fila de mesas de catering tremenda y pienso ¿por qué pone esta gente un avituallamiento en la playa? ¿La salida no estaba en la plaza? Al final resultó que era una fiesta surfera con barbacoa. ‘¿Qué si tenemos algo que ver con la carrera? No tío, nosotros somos surferos, no tenemos nada que ver con la carrera’. Pues es una coincidencia cojonuda.
La carga de hidratos está sobrevalorada
Nos fuimos a recoger el dorsal y mientras Bego esperaba allí a Juanlu y a Mapi que habían estado comiendo en Biarritz, yo me fui al briefing que era en un cine en la calle principal. Al salir me los encontré (cómo no) en una terracita próxima, hidratando. Alguna cerveza después nos fuimos a ver cómo iba el avituallamiento playero. Ya con nuestros platos de pincho+costilla+chorizo y nuestra cervecita, imaginamos a Raúl García Castán o a Alfredo Gil apretándose un saludable plato de pasta. Nosotros nos hemos visto obligados a sustituir los hidratos por una apetitosa mezcla de grasa y proteínas. Ventajas de ser unos paketes, supongo.
A la cena le faltaba claramente el postre, así que ponemos rumbo a la plaza desde donde saldremos mañana para solucionarlo con unas tartitas y unas infusiones. Y cada mochuelo a su olivo que mañana dicen que toca correr 31,2K con D+ 1500 m. (en mi Garmin al final salieron los kilómetros, pero el desnivel se quedó en algo menos)
Bego y yo dormimos en Elorriaga, en un sitio fantástico donde mañana abrevaré 2 veces (km. 5 y km. 24)
Por la mañana, antes de desayunar, salgo a dar un paseo por la pista que viene de Zumaia. Un tipo me pasa corriendo y saluda, ‘¡aupa, egunon!’. El tipo tiene un estilo elegante, muy fluido. Corre de un modo natural que mola. Le respondo ‘egunon’ y entonces le recuerdo. Es Alberto Zerain, estaba ayer en el briefing. Aparte de tener 7 ochomiles en su curriculum, es un montañero muy particular. Os animo a que leáis la entrevista a las que os lleva el link. La organización le homenajea este año junto a los fallecidos Benantxio Irureta y Pako Iriondo.
Desayunamos y Bego se va a dar un paseo hasta un mirador mientras yo termino de preparar trastos. Mis pezones, que son una de las partes de mi cuerpo con más memoria, intentan convencerme para que no me ponga la camiseta del Culmen-RdB, pero no hay trato posible. A la tirita habitual le cruzo un esparadrapo y cruzo los dedos para que la humedad no arrastre todo el invento al carajo. 
Llegan una furgoneta y varios coches con voluntarios y se ponen a montar el avituallamiento. Son tropecientos, desde chavales de 10 ó 12 años a señoras y señores de una cierta edad. La verdad es que una de las cosas que más me han impresionado es el mogollón de voluntarios que tiene la carrera, probablemente una de las claves de una organización que roza la perfección.
En estos momentos, charlando con ellos, recuerdo mi reciente experiencia como voluntario en el GTP. Por primera vez viví una carrera desde el otro lado y me encantó. Viví horas muy intensas y compartí con algunos amigos y con muchos desconocidos parte de una carrera que es mucho más que una carrera. Fin del paréntesis, sigamos con la Zumaia Flysch Trail.
Llegamos al  Kaia, campo base de Juanlu en Zumaia, donde puedes tomarte unas cervecitas en la terraza por la tarde o desayunar unos montaditos si te esperan 31K de cuestas al sol y eres un tragaldabas como Alberto.
Con Mapi, Bego, Albertoy Juanlu en el Kaia
Allí estaban él, Juanlu y Mapi cuando llegamos y después se unieron  Juan Antonio (FFDR Brad) y familia, Luis Simó, al que este fin de semana le he descubierto su lado sibarita (en algunas fotos del cuestón del final podéis ver al fondo un hotel cojonudo con spa en el que estaba alojado el mamón. Gerardo, que se pegó un viajecito mañanero de 225 kilómetros por la A8 desde san Vicente de la Barquera para estar aquí y finalmente Mauro (Deltoyano) que corría la carrera de 15 km.
Llegamos a la zona de salida cuando está terminando el aurresku. Lástima, me hubiera gustado verlo. Hay cajones por número de dorsal, pero antes del pistoletazo se juntan todos. En principio voy a correr con Juanlu, que quiere hacer una carrera ‘tranquila’. Como he dicho antes, él va a correrla por 5ª vez, así que las piedras de por aquí ya le saludan al pasar. A mí me viene bien lo de la táctica conservadora, lo único que pretendo es pasar todos los controles en tiempo y llegar antes que los escobas (4:40)
Salimos como locos
La salida es desde la misma plaza que en años anteriores, pero en dirección contraria, para evitar unas obras que en la llegada tendremos que rodear. A las 10 en punto nos vamos.
Los primeros 250 metros son una cuesta arriba curiosa, pero la gente no ha debido enterarse y va bastante rápido. El resto del primer kilómetro es bastante cuesta abajo y ahora sí que se ha enterado todo el mundo porque vamos a saco. ¿Alguien le ha dicho a esta gente que vamos a correr 31,2K con D+ 1.500? Entre los nuestros en seguida se ven claras las intenciones de unos y otros. Gerardo quiere llegar a comer a San Vicente, Alberto quiere sacarse la espinita del sub 4h que no consiguió el año pasado, Luis aún está bajo la euforia del Spa, y Juan Antonio, Juanlu y yo cerramos el grupo (que no el pelotón, de momento)
Primeras rampas (Foto: Baleike.com)
Salimos del pueblo con unas ligeras cuestas, pero los ritmos de momento son más que decentes. En el kilómetro 2, ya en las praderas que rodean el pueblo, empieza la primera Cuesta de la carrera. Fila de a uno, todos caminamos a buen ritmo.  En 700 metros subimos más de 100. Parece que hace algo de calor, ¿no? ¿Y un poco de humedad? Aquí se tarda poco en romper a sudar, supongo que eso es bueno. Un par de toboganes y otra subidita de 1,5K para alcanzar la cota 200. No subiremos mucho más alto en toda la carrera, 209 m. A nuestra derecha, el mar pone un contrapunto de serenidad horizontal a esta locura de sube y baja a la que jugamos hoy. Kilómetro 5,300 primer avituallamiento en Elorriaga, nuestro hotel de mil estrellas y una luna llena de anoche.  Líquido y sólido. Como algo de fruta y bebo agua e isotónico.
¿Quién prefiere correr por la Castellana?
Comienza una bajada hacia el mar, primero suave y luego bastante más pronunciada, que termina con un brusco cambio de sentido en el kilómetro 7. Hemos bajado 130 metros y ha sido divertido, ¿alguien quiere repetir? Pues para repetir una bajada parecida todos sabemos lo que hay que hacer: ¡volver a subir!
En el siguiente kilómetro y medio volvemos a subir 136 metros. De nuevo estamos por encima de la cota 200. ¿Eso qué significa? Efectivamente…¡¡¡a bajaaaaaar!!! Esta vez llegamos al nivel del mar en 2 kilómetros, y el paisaje te deja con la boca abierta. En Salkoneta el espectáculo de los flysch entrando en el mar es increíble. En serio, para mí uno de los momentos más emocionantes de la carrera. Llevamos algo más de 10K y 1 hora y 10 minutos de carrera y aún no hemos recorrido un llano de 10 metros para relajar.
Los flysch en Sakoneta desde el control de Mendata
Juanlu encuentra pronto otra diferencia con respecto al resto de años. El puente de madera que pasaba sobre el río ya no está. Los temporales de este invierno se lo llevaron por delante y el paso es ahora por las piedras. El río apenas lleva agua y a esa altura debe haberse filtrado. Un camino marcado a media ladera nos sube de nuevo a los 100 metros en apenas 400. Como en todas las cuestacas gordas, caminamos a buen ritmo. Unos cuantos toboganes y llegamos al control de Mendata (km. 12) donde una de las voluntarias nos hace un par de fotos muy chulas con el móvil de Juanlu. Aquí viene otro de los cambios con respecto a ediciones anteriores. Al girar en el vértice no se vuelve hacia Uzkanga sino que seguimos hacia el caserío de Mendata, donde encontramos el tercer avituallamiento. Como el resto, bien surtido y muy bien atendido. Fruta, isotónico, media barrita de cereales y agua que utilizo más para refrescarme que para hidratarme.
De las praderías costeras al interior del bosque. (c) Patxi Badiola
El paisaje ha cambiado. Aunque después del primer avituallamiento de Elorriaga hemos recorrido algún tramo de bosque, ahora podemos decir que hemos abandonado los prados abiertos con vistas al mar por pistas de bosque, que más tarde se convertirán en sendas. En el kilómetro 15,5 aprovecho el 4º avituallamiento (sólo liquido) para tomarme el único gel que he cogido. Creo que lleva conmigo más de un año, así que la despedida es emotiva.
Desde aquí bajamos hacia el río Mendata por una senda embarrada en la que parecemos dantzaris más que corricolaris. Que me perdonen los enemigos del barro, pero una carrera de montaña en Euskadi sin barro no es lo mismo. El tramo de río es corto, pero las piedras deslizan aún más que el barro y hay que ir con cierto tiento (me alegro de que no haya imágenes de los primeros que me contradigan, seguro que pasaron volando este tramo)
Playa de Itzurun entre la ermita de San Telmo y La Cuesta
Al terminar el tramo de río llega el 5º avituallamiento. De nuevo sólido y líquido. Más fruta, una barrita, isotónico y agua para beber y para regarme. Hacemos unas coñas con la gente del avituallamiento que, como el resto, son muy simpáticos.
Nada más salir del avituallamiento nos metemos en otro cuestón del quince. 2 kilómetros de subida mantenida nos llevan de los 50 a los 200 metros de altura.  Cada vez me cuesta más caminar tan rápido como lo hace Juanlu. Me fijo y no es un problema de cadencia sino de amplitud en la zancada. Al terminar las subidas me espera de forma más o menos discreta, caminando unos metros más mientras yo aprovecho para trotar y alcanzarle.
En esta carrera hay tramos que se hacen en los dos sentidos, es decir subes por donde bajaste y bajas por donde subiste. Ahora estamos en uno de esos tramos que nos llevará hasta el penúltimo avituallamiento que es el mismo que el 1º.
Quedan menos de 7km. a meta, prácticamente todo en bajada excepto la tachuelilla del pueblo y alguna otra despistada. Llevamos 3 horas y cuarto de carrera, así que tengo 1 hora y 25’ para llegar a meta en tiempo.
Bajando con el rumor de isquios y abductores
Último avituallamiento
Estoy cansado, pero no he tenido una sola molestia en toda la carrera y me relajo. Hacemos unas risas, comemos, bebemos y nos refrescamos. En pleno festejo le pregunto a Juanlu si seguimos o echamos la siesta y uno de los voluntarios mayores me dice: ¿estás bien? Sí, sí, estoy muy bien… ‘Pues a cascarla por ahí, tirad a la meta ya hombre’. Todos nos reímos porque lo ha dicho en un tono serio del copón, pero le hacemos caso inmediatamente. Tal vez nos hemos quedado demasiado rato porque en la bajada empiezo a tener algunos calambres en isquios y abductores.  Intento minimizar las molestias bajando el ritmo. Tal vez debería parar y estirar antes de que me quede como un palo. No, parece que las molestias no van a ir a más y puedo seguir si no me vuelvo loco. Llegamos al último avituallamiento en el que además de agua e isotónico hay un depósito de 1.000 litros de agua en un camión con una manguera. El agua está fresquita y te quedas genial.Vemos a Mapi que está en lo alto de la ladera haciendo fotos. A partir de aquí la iremos viendo en distintos sitios hasta llegar a meta.
Fantástica foto de Bego en La Última Cuesta
Fantásticas Bego y Mapi que se desdoblarán en este última parte haciendo un gran reportaje. Ya estamos en el pueblo. Un poco de callejeo arriba y abajo y llegamos a LA ÚLTIMA CUESTA. Al tran tran y sin volverte loco, la subida va cayendo. En la parte de arriba está Bego haciendo fotos.Lo de sonreír a estas alturas no es tarea sencilla, pero la felicidad puede más que el cansancio y ¿sonrío? Juzgad vosotros mismos, yo os juro que intenté hacerlo.
Culminada la subida solo queda bajar, hacer oídos sordos a los isquios y abductores que vuelven a quejarse bajito y seguir. Adelantamos a un tipo que también ha tenido algunos problemillas musculares en los últimos kilómetros. Le doy ánimos pensando que volvería a verle en meta.
A los 50 m. de correr en llano, petó el komepiedras
Entramos en el casco y en una bajada hacia la iglesia volvemos a ver a Bego. Al final de la bajada se enciende una alarma roja, pero no son mis isquios sino los de Juanlu. La pierna derecha se le queda bloqueada y tenemos que parar a estirar.No se recupera ni siquiera para seguir caminando así que después de un rato decidimos seguir como si fuéramos de parranda (ver foto) Así enfilamos la recta del centro que está a tope de gente que nos aplaude mogollón. De aquí a Hollywood. Parece que los músculos de Juanlu se recuperan lo suficiente para hacer los últimos 200 metros trotando. En meta volvemos a ver a Mapi.
Las muñecas de Famosa

Último avituallamiento con Luis, que ha llegado hace 5’ con una pájara importante. Felicitamos al hijo de Reyes (FFDR) que ha ganado la prueba de 15K, puntuable para el campeonato de España,  en categoría cadete.Esperamos a Juan Antonio, del que no sabemos nada y que por fin llegará con los escobas para acabar la carrera dentro del tiempo autorizado. Le aplaudimos y animamos cómo se merece. ¡Bravo!
Ya solo queda terminar de refrescarnos con un bañito en la playa de Itzurun, la de los surferos, y comer en su chiringuito.
En resumen, un fin de semana perfecto, corriendo con amigos una carrera más que recomendable, con paisajes fantásticos, una organización de 11 y unos voluntarios… ¡INMEJORABLES! Gracias a todos. Intentaré volver.
Gracias maestro

miércoles, 11 de junio de 2014

SALIENDO DE UN ATASCO POR EL TELÉGRAFO



He vuelto. Siguiendo el consejo del tipo de las gafas que veis aquí al lado, que también ha vivido algún episodio ‘guadianesco’ en su actividad como blogger, he decidido aparcar la que llevaba dos meses a punto de ser mi 4ª entrada en el blog. Llevo demasiado tiempo dándole vueltas y la única conclusión que he sacado es que el tema me supera. Sigo creyendo que merece la pena pero me falta disciplina para enfocarlo. Mi natural tendencia a la dispersión estaba construyendo un poliedro difícil de manejar. En principio se trataba de descubrir las razones que están moviendo cada día a más gente  a correr ultramaratones, ironmanes, carreras de montaña con varios miles de D+ y fiestas parecidas. Por acotarlo y hacer el charco un poco más manejable y conocido, decidí escribir solo de las carreras de montaña ¿Qué parte de una decisión tan personal es estrictamente una decisión personal? En qué medida ese contrato con uno mismo es consecuencia de haber recorrido un camino que nos permite, analizando honestamente nuestras posibilidades, decidir que estamos preparados para intentarlo y que va a merecer la pena dedicar el tiempo y el esfuerzo necesarios para su preparación. Y por el contrario, ¿cuántas de esas decisiones están definitivamente contaminadas por motivaciones sociales? Sin mencionar a los seguidores del sr. Ajram buscando sus límites. En fin, todo el mundo es libre de elegir sus retos, pero cada uno deberíamos saber en qué catalogos buscar nuestras opciones y por supuesto elegir con criterio en qué organizaciones depositar nuestra confianza. Si me voy a tirar más de 4 horas corriendo por el monte, lo que menos me preocupa es el color de la camiseta que me ‘regalen’. 
Ahora que NO estoy escribiendo esa entrada parece que lo llevo más enfocado, pero de un modo natural me enredé con la creciente oferta de carreras que el aumento de la demanda provoca, los nuevos organizadores, nuevos circuitos, el papel de las marcas y las instituciones, la sostenibilidad económica y medioambiental, los medios de comunicación... Mucho lío. 'Piratas vs alienígenas'
Ahí lo dejo. Si alguien se atreve, estaré encantado de leerlo, pero de momento he vuelto al blog para contaros mi experiencia del domingo pasado en el Cross del Telégrafo.
En la salida del 3 Refugios con Rafa, Juaco, Alberto y Markos
Tenía tantas ganas de correr esta prueba que cuando Jorge Ochoa publicó en facebook que se acababa de inscribir al Cross 3 Refugios, fue leer cross y pinchar el link con la mano derecha mientras la izquierda sacaba la VISA de su frágil refugio. No me gusta desaprovechar cualquier oportunidad para reírme de mí mismo, y cuando me di cuenta del error me descojoné a gusto. No terminé el 3 Refugios, tuve que retirarme en el último control, el Puente de los Manchegos, completamente vacío. Despertarme con más desarreglos intestinales de los habituales en un día de carrera no ayudó, pero reconozco que tampoco estaba preparado para correr con dignidad esa prueba. De todos modos si no hice una crónica del 3 Refugios no fue porque me retirase, mi anterior entrada es una buena prueba de que no me da ningún reparo exponer públicamente mis límites ni mis fracasos, sino porque no quería valorar la atención recibida en el control en el que me retiré y, sobre todo, la que recibió un corredor que llegó antes que yo y cuya salud invitaba más a una evacuación a algún centro sanitario que a tenerlo tumbado en el asiento trasero de un coche durante más de una hora. Al final hubo suerte, este chico se fue recuperando y cuando recogieron el control nos bajaron a Manzanares, donde en seguida llegó su novia y juntos se fueron al puesto de Cruz Roja. Pero no quiero valorar responsabilidades ni actitudes. Hoy no.Hoy toca hablar del Telégrafo, que afortunadamente para mí fue otra historia de principio a fin.
Salida del MAM. 400 valientes con 46K y D+ 2.650 m. por delante


El 15 de mayo me inscribí, esta vez sí, al Cross del Telégrafo, la carrera que se hace el mismo día que el MAM (Maratón Alpino Madrileño), sale del mismo sitio 50’ más tarde y comparte sus primeros casi 8 km. (hasta Navacerrada) y los últimos (la bajada desde allí). Por supuesto las dos las organiza el mismo club, Tierra Trágame, que completa este fin de semana montañero con el MiniMAM, serie de carreras que se celebran el sábado para chicos y chicas de 6 a 14 años y personas con discapacidades físicas e intelectuales. La base de operaciones de todo el tinglado es el Polideportivo de Cercedilla, que acoge durante el fin de semana la feria expo-trail, una exposición de fotografía de montaña y ludoteca para los peques. Un buen montaje.
Si antes apuntaba 3 coincidencias entre el MAM y el Telégrafo, hay 3 diferencias que son infinitamente más notables. 42K (que este año parece que se fueron a 46) frente a 17; 5.300 metros de desnivel acumulado frente a 1.600 y, la más importante que es consecuencia de las anteriores, el MAM es una carrera durísima, sólo apta para corremontes muy fuertes y el Telégrafo es una carrera asequible para cualquier persona adecuadamente entrenada. Imagino que el MAM es una carrera preciosa, pero de momento no tengo ninguna intención de correrla. El domingo disfruté como un enano y sufrí lo justo para sentirme satisfecho de mi carrera.   
Para ayudar a los lectores que quieran evitar las cada día más tupidas redes de gastazapas, sean de asfalto o de monte, correr también significa a menudo madrugar. Y a veces madrugamos en pareja. En nuestro caso, Bego de momento solo se apunta a carreras de asfalto o pistas de hasta 10K, pero a menudo me acompaña, sobre todo si la carrera es en algún sitio chulo como el del domingo.
Rafa Kaprus, escoba de lujo en el MAM
Bueno, no sólo me acompaña, sino que de repente me la encuentro a 4 ó 5 kilómetros de meta haciendo fotos. En Cercedilla se hizo la mitad del recorrido ‘dando un paseo’. El caso es que el despertador sonó a las 6:15, que no está mal para un día de ‘descanso’. Queríamos llegar a saludar a los valientes amigos del MAM antes de que se metieran en jarana y lo conseguimos. Juan salía con Manu tapiero, y también vimos a Jorge Ochoa, que esta temporada lleva más kilómetros de monte que el baúl de Kilian. Entre la elite destacaba Zaid AIT MALEK, al que también pudimos ver este año en Alto Sil, que terminaría rozando el record de la prueba o estableciendo una nueva marca para un nuevo recorrido (4:03:53) y metiendo ¡¡¡23 minutos!!! al 2º clasificado, Pablo Villa.  Y si en la cabeza había un ‘monstruo’, en la cola teníamos a otro insigne al que no pude saludar, Rafa Kaprus, que una vez más hacía de corredor escoba. Otro grande.
Saludados y despedidos con los honores que merecían los héroes del día, pasamos a recoger dorsales y a prepararnos para nuestra particular fiestecilla Telegráfica. Nos habíamos reunido para la ocasión Markos, Alberto, Jesús y un servidor. Por allí saludamos a David García Castaño. Control de chips y al corral.
A las 8:50, con puntualidad Suiza, empieza la fiesta. Markos y Alberto salen escopetados y yo intento seguir a Jesús que parece que se ha contagiado de tanta animación. Después de 500 metros de asfalto llega una pista que pronto se convierte en camino. Con las primeras rampas se forman algunos taponcillos sin demasiada importancia, mucho menos a estas alturas del pelotón donde las prisas son muy relativas.   
Espectadores de tribuna preferente
He decidido utilizar el pulsómetro sólo en algunos entrenamientos y ya no lo uso nunca en carrera. Ahora regulo exclusivamente por sensaciones que parece que me ayuda a afinar los sentidos y a escuchar un poco mejor a mi cuerpo. Al fin y al cabo, si mi corazón se quiere salir un día por la boca siempre puedo atraparle a mitad de camino.

Alternamos senderos con algún tramo de pista para enlazarlos, siempre por un bosque que mantiene una temperatura muy agradable y alguna pradera más abierta que viene bien para ir cogiendo moreno camiseta. Los tramos llanos te permiten ir recuperando el esfuerzo de las cuestas.  Cuando llegamos al primer avituallamiento me doy la segunda autocolleja del día. ¡¡¡HAY VASOS!!! ¿Y yo que hago con el bidoncillo clavado en las lumbares joder? Bebo un vaso de isotónico y para arriba. Las cuestas van siendo algo más durillas y en una de esas me adelanta Ángeles Dies, atleta cadete valdemoreña del Tierra. Me alucina ver la agilidad y la gracia con la que ella corre por donde yo me arrastro penosamente.
Pedrera cerca de la cumbre del Telégrafo. Foto del TT
Estamos en una parte del recorrido que es común para la subida y la bajada. Esto tiene más inconvenientes para los que bajan que para los que suben. El primero al que veo pasar es a Raúl García Castán, que no tiene piernas, tiene una horquilla telescópica invertida con doble tija. ¡¡¡QUÉ BESTIA!!! Tuve la suerte de verle pillar un tramo peraltado con piedra suelta y me hubiera encantado tener una maquinita de esas que usa la Guardia Civil para medir la velocidad.El resto no iban mucho más despacio, es probable incluso que alguno fuera más deprisa que él, pero ninguno me impresionó tanto. Antes de llegar a la estación de Navacerrada estaba el punto de regreso de la categoría cadete. Poco después un pequeño tramo de asfalto, unas escaleras especialmente diseñadas para subirlas corriendo, otro tramo de asfalto y zas. La penúltima cuesta es una pedrera con una pinta estupenda para bajadas ‘kamikazes’ y cuando casi estoy arriba me cruzo con el resto de mi equipo, los otros dos Culmen-RdB MT, Alberto y Markos. Eso me da la pista de que me debe quedar un ratillo todavía para culminar la subida y, efectivamente, un voluntario nos indica que el camino de subida no es el directo, sino uno que sale perpendicular hacia la izquierda. Poco después, el recorrido es bastante aéreo y las vistas son una pasada. Unas rocas nos recuerdan que en la montaña a veces se usan también las manos para progresar y al final de la trepada, por fin control de paso por el Telégrafo.

Algunos corredores se han saltado la variante que indicaba el voluntario en el camino y han subido recto. El control les grita que no pueden llegar por ahí, ellos les dicen que no estaba indicado por otro lado y hasta ahí me entero del lío porque bajo pitando. Ahora soy yo el que se cruza con los que suben, pero sé que el espectáculo que les ofrezco poco tiene que ver con el que yo he disfrutado con los ‘machacas’. Adelanto en la pedrera a una chica que dice que ella prefiere subir que bajar, y efectivamente unos kilómetros más abajo, cuando llevamos un rato por terreno menos técnico, me pega una pasada como si yo estuviera parado. Te he reconocido en una foto de FB Noemi, y me he quedado con tu cara, que lo sepas. ;)
¡Cómo me gusta meterme en charcos!
Hacia el km. 12, en uno de los ‘vadeos’ del río, veo a Bego haciendo fotos. ¡Qué grande es esta chica!
La verdad es que ya voy un poco con el piloto automático. El camino ahora es sencillo y el perfil favorable ayuda a dejarte llevar. En la penúltima curva está Markos animando y en meta Alberto haciendo fotos. El team se reagrupa.
El avituallamiento en meta está surtidito, pero me limito a un poco de plátano y membrillo, regados adecuadamente con un aquarius. Después descubro la sandía que está buenísima… 
En fin, amigos del Tierra, no sé si organizáis otras carreras además de las de este fin de semana, pero quedáis homologados por este humilde corremontes en la categoría Premium, de modo que me apunto a cualquier carrera vuestra que esté dentro de mis posibilidades.
Entrando en meta.
El único lunar pudo ser el despiste que se provocó en el último tramo de subida para la gente que llegó cuando yo estaba arriba, aunque realmente no sé por qué se produjo, ni si vosotros fuisteis responsables directos del error.
Mi próxima carrera la viviré como voluntario. Será mi primera experiencia de este tipo y creo que ya iba tocando, espero hacerlo bien. El 28 de Junio estaré en el avituallamiento de Rascafría, en el GTP, de 4:00 a.m. a 9:00 a.m. y luego ya veremos. Mi próxima carrera con dorsal, si no me apunto a otra hasta entonces, Zumaia Flysch Trail, el 13 de julio. El año pasado me inscribí y al final no pude ir, así que tengo dobles ganas de correr allí. Ya os contaré.

domingo, 23 de marzo de 2014

SI QUIERES SACARTE UNA ESPINA, NO TE PONGAS MANOPLAS. Un fin de semana ‘largo’ (15/03/2013 – 16/03/2014)


Ha pasado una semana de la Carrera Alto Sil.
El muro visto desde La Chañada
He querido que las emociones se reposaran un poco antes de escribir esta psico-crónica. No ha sido sencillo digerir la frustración que sentí el domingo pasado, pero hay que relativizar las cosas y asignarlas el valor real que tienen. El hecho de que mi retirada en Páramo fuera una consecuencia, lógica y esperada, del estado en que mis cuádriceps llegaron a la línea de salida no alivió mi decepción. Ahora es el momento de que la razón cierre el balance de un ‘largo fin de semana’.  
La cagué. Esto no es una opinión, es un hecho. No pretendo flagelarme en la plaza pública para intentar redimir mi error, ni quiero convocar con mis lamentos un coro de ánimos, pero necesito hacer un ejercicio honesto de autocrítica para ver qué falló y por qué sucedió.
¿Podría haberla cagado mucho más si hubiera intentado acabar la carrera? Seguro. Esto sí es una opinión, aquí puede haber debate, pero yo estoy convencido de que en ese momento hice lo que debía. Pero empecemos por el principio.


Yo no conozco de nada a estos tres, lo juro.
A quién no me conozca, le conviene saber para entender todo este desvarío que ésta es mi carrera favorita. Tampoco conozco tantas como los otros tipos de la foto porque, a pesar de los 51 tacos que cumpliré en un par de semanas, soy un gastazapas bastante novato - 4 años - y como corremontes aún lo soy más. Mi primera carrera por montaña fue la MM de Somosierra en octubre de 2011. En marzo de 2012 leí la doble crónica que Celso y Alberto publicaron en el blog de RdB de su fin de semana en Alto Sil y supe que yo también quería vivir esa experiencia algún día. Tenía un año para ponerme las pilas y llegar a la primera posibilidad con ciertas garantías. No era escenario para hacer el gañán.
Y en 2013 allí fuimos Bego, las chicas y yo con la furgo. Bueno, y Celso, Alberto y Markos con Dido y Jennnifer. Y allí conocí a Manu el tapiero y al Ciego Sabino y a otros corremontes de los que había oído hablar y con los que el domingo por la mañana intercambiaba risas y nervios. El año pasado también descubrí otra singularidad de esta carrera tan especial. En cada edición Lolo, su organizador y alma máter, se inventa alguna nueva putada que la hace un poco más dura y un poco más interesante que el año anterior. El año pasado fue el Pico Negro. Cuando llevas 25K te encuentras una tapia que sube casi 400 metros en 1,3K. Una broma. La nieve en buena parte del recorrido, el barro y el vadeo de ríos provocaron sudor y risas en partes muy desiguales.
Mi chip de 2013, el 314. Como 'pi', pero sin coma.
En el avituallamiento de La Collada, a falta de 4 km. de cómoda bajada por el bosque, me ‘cazó’ Gaizka, el corredor escoba. Por un momento pensé que estaba de coña cuando me pidió el chip. Había dos puntos intermedios, Páramo y Primout, con tiempos de corte, pero no imaginaba que a esas alturas de la prueba pudiera quedar ‘retirado’. Le di lo que me pedía y en esos 4 kilómetros corriendo hasta meta, en los que fui desde la sorpresa inicial a la alegría absoluta, reconozco que pasé por un momento de indignación que se disipó en pocos minutos y no llegué a compartir con nadie. Si había algún motivo para sentirme indignado, había miles para sentirme feliz, y además es mucho más divertido correr cuando te sientes feliz, aunque estés descubriendo a través del dolor músculos que ni sospechabas que tenías. En el final del bosque me estaba esperando Bego, supongo que ya un poco preocupada porque llevaba 6 horas corriendo. Cuando crucé la línea de meta no pensé en Gaizka, ni en el chip, ni chorradas parecidas. Me sentí mucho más orgulloso de mí mismo que cuando terminé mi primer maratón. Estaba muy feliz y muuuuuy cansado. Paella, besos y abrazos fueron un reconstituyente inmejorable. Antes de terminar la paella decidí que volvería en 2014 y esperaría a Gaizka en meta. 
   
15 de enero de 2014. 9:00 a.m. Estoy en mi oficina, delante del ordenador, con dos ventanas abiertas en el Firefox: youevent.com y carreraaltosil.com. Se acaban de abrir las inscripciones y sé que en menos de una hora se habrán agotado los 400 dorsales. Las dos páginas parecen caídas por la saturación (efectivamente lo estaban) Al final, a las 9:54 consigo inscribirme. Primer obstáculo superado. Ahora sólo queda seguir entrenando para llegar en forma y hacer una carrera decente.
Pedriza, 1 de marzo. Running in the rain
Analizando mi entrenamiento desde ese día hasta el día de la carrera y comparándolo con el mismo periodo del año anterior, he visto que ha disminuido el volumen de kilómetros y el número de entrenos, pero han aumentado un poco los entrenos en montaña y su volumen específico. Por resumirlo, menos cantidad y más calidad.
En todo caso, la madre del cordero, la razón por la que pienso que la cagué hace una semana tiene que ver con las dos anteriores. Quería llegar a tope y sólo conseguí llegar a tope de sobrecarga en mis cuadriceps. Había ido asimilando bien todos los entrenos y creía que estaba haciendo las cosas bien.
En Pedriza, el sábado 1 de marzo, no paró de llover ni un segundo. Durante dos horas me di una caña tremenda con Celso, Alberto y Markos. Creo que me vinieron genial y el martes en la Dehesa de la Villa y el jueves en El Retiro hice otros dos entrenos con Alberto y Markos exigentes y disfrutones.
Equipazo RdB en el cross de Hortaleza
 El sábado corrimos el cross de Hortaleza. Una carrera pequeña y muy maja. Recorrido durito con continuas subidas y bajadas. Mi primer cross, de hecho. Yo me tuve que largar pitando porque después había quedado con amigos para pasar el día en Pedriza. Era un plan familiar, bastante dominguerillo, pero caminamos unos 12K al tran tran.
  El domingo subimos a La Maliciosa desde La Barranca.
Iniciando el descenso de La Maliciosa
La nieve estaba durita y había que ir con cierto tiento. En la bajada pillamos algunos tramos delicados y la tensión iba cargando aún más los cuadriceps. Al llegar a la zona en la que se podía correr había mogollón de piedra y era bastante técnica. Después, un par de kilómetros de rápida pista de bajada y por último 1,5K en los que subimos poco más de 100 metros, pero estaba tan machacado que tuve que hacer algunos tramos caminando. Quedaba menos de una semana para llegar a Alto Sil y yo era incapaz de trotar en aquella cuestecilla de mierda. Tranquilo. Seguro que un buen descanso te vuelve a dejar como nuevo.  
 
El martes quedamos en El Retiro para soltar las patas. Ese era el objetivo para los 3: soltar las patas. Hicimos un par de vueltas largas, como el jueves anterior, pero mucho más suave. Mis patas empezaron siendo de corchopán y no se convirtieron en otra cosa.
El jueves fui a la Fisio para ver si un masaje podía ayudar. A pesar de que no se aplicó como lo habría hecho de no tener la carrera a sólo 60 horas, creo que salí más tocado de lo que entré. Hielo por la noche y estiramientos. El viernes cada vez que me levantaba, aprovechaba para estirar. Incluso estuve currando de pie a ratos para poder estirar. Por la tarde cogimos la furgo y nos pusimos en carretera con idea de dormir en Salentinos. Juanlu iba a correr el kilómetro vertical que subía desde allí al Bóveda, salvando 800 metros de desnivel en 4 km. La organización había comunicado que la nieve estaba muy dura y recomendaba el uso de crampones para zapas y permitía, excepcionalmente, el uso de bastones. La verdad es que Juanlu ya nos había demostrado otras veces que es capaz de hacer este tipo de dobletes sin problema, pero llevaba tiempo sin pisar la montaña y él mismo tenía sus dudas. Al final decidió no participar en el KV y me mandó un wassup, pero en Salentinos no teníamos cobertura y no nos enteramos hasta mediodía al llegar a Páramo.
Salentinos, punto de salida del KV al Bóveda
El tema es que amanecimos en Salentinos, un día genial, despejado y fresco al principio, aunque acabaría haciendo calor para la carrera. Bego y yo subimos como un kilómetro más o menos, haciendo fotos a los participantes que salían por parejas. Allí vimos por primera vez a una chica que nos dejaría con la boca abierta todo el fin de semana: Leire Fernández, 16 añitos. Finalmente sería la ganadora de esta carrera y haría 2ª el domingo. Se abre el debate sobre la conveniencia o no de que una persona tan joven compita en este tipo de pruebas, pero lo que no admite ninguna duda es que tiene una clase como la copa de un pino y un futuro increíble por delante. Ojalá que lo disfrute y que nosotros podamos verlo, aunque sea de lejos.
Súbida al Bóveda
Después de que viéramos pasar a todos los corredores, le dije a Bego que prefería bajar al pueblo y descansar un poco. La verdad es que cada paso que daba bajando notaba la tensión en el cuádriceps de la pierna de apoyo… ¡y estábamos caminando!
Al final, después de la entrega de premios, comida ofrecida por los vecinos de Salentinos. En un pueblo precioso, una gente guapísima y unas patatas con berza ¡¡¡ESPECTACULARES!!! También estaban estupendos la empanada, el embutido, el queso, el vino… joder estoy salivando al recordarlo. Y mientras comíamos, unas vacas pastaban en el prado que se extendía a nuestros pies y algunas limpiaban a lametazos a terneros que parecían tener pocas horas. Imagino que las vacas debían alucinar con un  público tan numeroso y animado.
Después de un cafelito en el bar, ponemos rumbo a Santa Cruz. El parking está prácticamente vacío y ponemos la furgo en un bancal al fondo, por encima de la tienda del Ciego Sabino.
Leyendo al sol en el Hotel California de Santa Cruz
Nos instalamos y dormitamos un rato hasta que llega Markos con su furgo. El resto vendrán un poco más tarde. Recogemos el dorsal en el sitio nuevo, muy chulo. Unas fotos, unas risas, llegan Juanlu y Mapi, más fotos más risas, llegan Alberto y Jen… le damos un toque a Jan, pero él y Ruth ya han recogido sus dorsales y se han vuelto al hotel. Vamos al briefing con Lolo y Gaizka. Parece que la novedad este año está en el final y además de incorporar acebos a la larga lista de especies autóctonas que la carrera nos muestra, tiene una llegada en subida, desde el río hasta la plaza, que no dejará indiferente a nadie ¿verdad Markos?
Charlando con Gaizka después de apretarnos los spaguettis
Cena de pasta, en la que Gaizka y yo recordamos de buen rollo nuestro encuentro del año anterior en La Collada. Cafés y orujitos en el Changuita y cada mochuelo a su olivo.


Domingo 16. Día D.
Me levanto a las 7:30. A pesar del bizcocho tan rico que sé que hay en la plaza, decido desayunar tranquilamente en la furgo. Intento estar tranquilo y no ponerme a pensar en nada que no sea qué voy a ponerme o a llevar en la mochila de hidratación. Si suena la flauta y las patas aguantan, tiene pinta de que voy a necesitar agua entre avituallamientos. Pongo el dorsal en mi nueva camiseta del Culmen-RdB Mountain Team. No se me ocurre un mejor sitio para estrenarla (después tampoco se me ocurriría un resultado más lamentable para el primer día con ‘la negra’) La mañana está fresca, el termómetro marca 1o.
A 40' de la salida, Markos sigue zampando
Nos acercamos con Markos a la plaza y por allí andan todos. Bego se va porque quiere subir a La Chañada para ver la bajada por el cortafuegos y la subida del muro. Llaman para el control de chips y la entrada al corralillo. Un año más tarde los nervios son los mismos, las razones no. Pero como decían los romanos y el pirata de Asterix, ‘alea jacta est’. De nada sirve ahora pensar en qué carrera habría podido hacer si estuviera como dios manda y no tuviera estas patas de corchopán.
Salida de 400 piraos to pa'rriba


Llega la hora. Una cuenta atrás y… una cuesta arriba. El público está espectacular. He salido con una chaqueta ligera, casi un cortavientos con capucha. Me sobra después del primer kilómetro, pero no quiero parar a quitármelo y aprovecho un tapón que nos obliga a caminar para hacerlo y meterlo en la mochila. Despliego los bastones, que prácticamente estoy estrenando en mi primera carrera con estos artilugios. Supongo que ayudan a progresar en las subidas, sobre todo cuando vas justito. Llegamos arriba. Hemos superado 420 metros de desnivel en 3K. 32’. Mis piernas no se quejan, pero esto no ha hecho más que empezar, veamos qué tal va la bajada. Los primeros metros son muy corribles y rápidos.
Bego está justo en el punto en el que la inclinación ya se hace más delicada. Buena elección. Me pregunta cómo voy, le digo que bien y me tiro para abajo. En 900 metros de recorrido descenderemos casi 300. Recuperaremos más de la mitad en los siguientes 500 metros.
Bajando de La Chañada
Eso es el muro. Tenía miedo de cómo me sentiría en la bajada, pero estaba más torpe que dolorido. Es una buena noticia. Subiendo el muro no voy sobrado, pero no tengo demasiadas molestias musculares, sigo feliz. Avituallamiento líquido. Paro un momento, intento ver a Bego al otro lado pero no soy capaz. Después de 1k de suaves toboganes, empieza un descenso fácil y rápido hacia Páramo de Sil. Para mí, empiezan los problemas. Los cuádriceps han decidido recuperar el protagonismo de los últimos días y se manifiestan. Intento no escucharles, bajo un poco el ritmo y parece que bajan también las molestias. Cuando la pendiente se hace más pronunciada, los cuádriceps chillan un poco más alto. Llegamos a un tramo de asfalto y me dejo llevar en un pequeño grupo, intentando abrir un paréntesis en mi mente hasta que lleguemos al avituallamiento. La bajada de hierba y barro hacia el río acaba con la negociación y vuelven las molestias. Subo las escaleras en las que, como el año pasado, hay mogollón de gente animando. Cuando terminan, mis piernas parece que tardan en responder y troto torpemente hasta el avituallamiento. Lo que yo tengo no se arregla con plátanos ni barritas, ni gominolas, pero como un poco de todo esto mientras se endurece la batalla que tiene lugar en mi cabeza. Llevo 1 hora y media de carrera. Llega Ruth. Le pregunto por Jan y me comenta que lo ha dejado bajando. Si pretendo seguir no puedo quedarme aquí a vivir, así que salgo del avituallamiento. Recorro unos 100 metros y me paro. Esto no tiene ningún sentido. ¿Dónde coño voy? Sé lo que queda y sé cómo estoy. Mis piernas no van a mejorar y cada bajada va a doler más que la anterior. Lo único que puede pasar es que casque en mitad de ninguna parte y dé la lata más de la cuenta. Paro y me doy la vuelta.
Ruth subiendo desde el río. Meta a 400m.

Me cruzo con Ruth que sigue con su sonrisa de siempre. Esta chica es increíble. Al final conseguirá acabar en tiempo. Me imagino que su traumatólogo estará flipado con ella, y eso que no tiene idea real de lo que se metió el domingo entre pecho y espalda. Mi admiración absoluta.
Entrego el chip al control y espero junto a otros 3 corredores a que llegue alguien que nos llevará a Santa Cruz. Fantásticos los voluntarios de esta gran carrera. Estoy triste y jodido, pero tengo claro que seguir habría sido estúpido. He vivido una experiencia amarga porque tenía muchas ganas de disfrutar esta carrera, pero estas lecciones no se olvidan.
Después de asearme un poco y cambiarme, llamo a Bego para decirle que me he retirado. Ella está con Mapi y Jennifer animando cerca del río, a unos 500 metros de meta. Se viene a buscarme, y hacer de paso un poco de terapia. Volvemos juntos a la zona del río y allí, entre fotos, aplausos y alaridos de ánimo a los nuestros cuando les veo al otro lado, se me va quitando el mal rollo. Pasan Alberto, Markos, Juanlu, Ruth… Nos quedamos hasta que pasa Gaizka pero me faltan Jorge y Jan. Éste último no me extraña demasiado porque no le vi sobrado cuando pasó por Páramo, pero lo de Jorge sí es raro. Me pasó cuando bajábamos a Páramo y cuando nos vimos en el avituallamiento le vi genial. Al final supongo que se quedó demasiado tiempo en los avituallamientos y le cazó Gaizka a falta de 4K. ¿Os suena? Bueno, espero ver a Jorge muchas veces en el próximo año, pero sé que nos veremos aquí el año próximo.  
Ahora toca volver a entrenar y seguir mejorando.  Además del maratón de Berlín en septiembre no tengo ningún otro compromiso de momento, pero tengo claro que quiero invertir las proporciones de asfalto y Trail de años anteriores.
Y por supuesto Carrera Alto Sil y yo tenemos una cita el 17 de marzo de 2015 (o antes)