
Barajaba varios temas para esta segunda entrada, pero el
acontecimiento del sábado terminó por decidirme. ¿La declaración de la infanta
imputada? No. La quedada
promovida por Alberto para ‘revitalizar’ Runners de Barrio, mi club.
Haré un pequeño flash-back y me remontaré a febrero de 2010.
Ese es el mes en el que oficiosamente se constituía el club. En las antiguas
instalaciones del SEU, en el campus de la Universidad Complutense, se reunía un
grupo de amigos con el ánimo de compartir entrenos, afán solidario y pedacitos
de vida.
Ese mismo mes, a 30 kilómetros de allí, yo empezaba a
correr. Mis hijas estaban en la escuela de atletismo de Valdemoro, y uno de los
días que tenía que llevarlas al estadio decidí que yo también iba a empezar a
hacer algo de ejercicio. Ese primer día creo que conseguí hacer unos 200 metros
hasta que unos enanitos cabrones se subieron a mis gemelos y empezaron a
acuchillármelos con saña. Es obvio que no me desanimé y dos semanas más tarde
podía correr 30’ y eludir el ataque de los enanos. Entonces empecé a rodar con
otros papás y mamás atletas. Mis hijas estaban 1 hora allí, 2 días a la semana
y cuando yo bajaba con ellas dedicaba gran parte de esa hora a rodar por el cercano
parque Bolitas
del Airón.

Pasó un año hasta que me planteé correr mi primer medio
maratón. En otro post hablaré más extensamente de Santi Caminero, personaje
fundamental en mi socialización runneril. Gracias a él he conocido a un montón
de buena gente y ese grupo no ha parado de crecer en estos años. Hoy nos
quedaremos con que fue Santi quien me sugirió la carrera para mi debut en esta
distancia: Almansa, 21 de mayo de 2011. Allí
conocí algunas de esas personas de las que hablaba antes: Almu, que también se
estrenaba, Juanlu, Pepe, Andrés, Fernan…
pero hoy hablaré de uno muy especial: Alberto Álvarez.
Este señor, al que es difícil conocer y no querer, es uno de
los tipos más generosos que conozco. Honesto y bueno como el de Machado. En
ocasiones, tal vez, un poco ingenuo, pero esto nunca sé si va en el debe o en el haber, siempre me hago un lío.
Es co-fundador de Runners de Barrio, pero sobre todo es el alma
y soporte fundamental del club. El único que a lo largo de estos años ha
mantenido su compromiso con el grupo, dedicando su esfuerzo y su talento a
mantener vivo el espíritu que les llevó a fundarlo hace 4 años. Muchos nos
hemos unido a lo largo de este tiempo al club y otros lo han abandonado. Es la
vida, es natural. Pero ninguno de nosotros se ha implicado de un modo parecido.
Por eso cuando Alberto ha relajado un poco su dedicación, el
club se ha resentido. Los RdB hemos seguido encontrándonos en quedadas y
carreras. A veces localizamos a cierta distancia una camiseta blanca con el
logo circular amarillo grande en la espalda o los logos de los 4 ‘patros’ del
modelo 2012 y cuando llegamos a su altura descubrimos al compañero que la lleva,
nos saludamos y quedamos para compartir las cervecitas del post. 

Pero hemos dejado de convocar entrenos en el SEU los domingos o en El Retiro los martes y jueves y me temo que los que compartían tapas por La Latina también han dejado de hacerlo. ¿Eso es grave? Cada uno debe hacer su valoración. Desde luego yo no creo que sea vital.
Todos seguimos llevando nuestras camisetas de Runners de
Barrio a las carreras. Yo no me planteo correr con otra y me siento tan
identificado con el club como el primer día. Sin embargo es absurdo que nos
sintamos obligados a mantener de manera forzada unos hábitos que ya parecen
formar parte de la historia. Si dos o más personas quieren correr juntas un día
en El Retiro o en La Maliciosa lo hacen y punto. Si quieren compartir
abiertamente esa quedada, crean un evento en FB y listo. Disfrutamos
compartiendo esos ratos de correr y parlotear, sigamos haciéndolo. Todos
tenemos compromisos en nuestras vidas, unos nos satisfacen más que otros, pero
todos tienen algún sentido, incluido el de pagar las facturas. Pero si la persona
que más ha hecho por este club en sus 4 años de vida siente que está
desatendiendo sus ‘deberes’, tal vez sea el momento de replantearnos el modelo
y liberarle del compromiso, ¿no creéis?
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Larga vida a Runners de Barrio |