viernes, 20 de marzo de 2015

GRACIAS


(Mi crónica de Alto Sil 2015) 

Momentos antes de salir. ¿Dónde está Wally? 'Concentrao'

Han pasado casi 3 meses desde mi último post. En ese tiempo he corrido el Trail del Serrucho, 3 crosses del circuito Eventsthinker y el Medio Maratón de Latina. En todas esas carreras lo he pasado bien, me he divertido mucho corriendo entre amigos y conocidos, sin embargo ninguna ha conseguido vencer mi 'Pereza 2015' para escribir. Pero el domingo pasado no fui a otra carrera, fui a la carrera. Fui a MI carrera (y cada día la de más gente)  
Podría haber titulado esta crónica ¡A la tercera va la vencida! porque, como muchos sabéis, ha sido mi tercera participación y es la primera vez que aparezco en la clasificación (en la última hoja, pero ahí estoy, muy orgulloso de mis 5:33:50) Al final he elegido ‘Gracias’, porque lo que siento fundamentalmente en estos momentos, aparte de agujetas, es agradecimiento.
Santa Cruz del Sil desde el parking / zona de acampada

En primer lugar quiero dar las gracias a todas y cada una de las muchas personas que hacen que el último fin de semana de invierno, cientos de corremontes sólo queramos estar en Santa Cruz del Sil (y en Salentinos, Páramo y Primout, que no se enfade nadie) Tal vez por eso el 15 de enero, a las 9:00 de la mañana, estábamos unos cuantos frente a ordenadores, tablets y móviles, intentando conseguir el ansiado dorsal. 20’ más tarde ya se habían agotado. Superada la primera prueba, quedaban 2 meses para intentar llegar en las mejores condiciones posibles.
Este invierno ha nevado bastante, pero en las dos últimas semanas se fue mucha nieve en la zona y al final tuvimos menos que en los dos años anteriores. Sin embargo hizo más frío. De todos modos Lolo y su gente encontraron el modo de ‘compensarnos’ la falta de kilómetros blancos deslizantes, incluyendo entre las sorpresas algunos tramos bastante escurridizos. Es cierto que el grueso de la carrera se mantiene, pero una de las señas de identidad de Alto Sil es la renovación de su recorrido cada año y esta vez los cambios estaban salpicados en más de un sentido. Las modificaciones al recorrido que conoces podrán  gustarte más o menos, pero no hay dos ediciones idénticas. A mí me gusta.
En el primer kilómetro, fresco como una lechuga
Esta vez salíamos del pueblo por donde volvimos en 2013, pero al poco de tocar tierra girábamos a la izquierda y, después de atravesar unos prados llegábamos a un muro de tierra donde necesitabas las manos para progresar. Si bajase un torrente de barro sería Lolismo en estado puro.
Llegamos al camino habitual poco antes de alcanzar el alto de La Chañada. En poco más de 3k hemos subido 400 metros y es momento de empezar a bajar. El cortafuegos lo conozco de años anteriores y, aunque está en mejores condiciones, vuelvo a darme cuenta de lo torpe que soy. Decía un buen corredor de montaña (no recuerdo quien, lo siento) que uno puede bajar como un tanque o como una bailarina. Yo tengo un poco de ambos. Combino la agilidad de un panzer con la robustez de la Paulova. Me adelantan unos cuantos, entre ellos Jorge Ochoa, a quien iré viendo a lo largo de la carrera, sobre todo en la segunda mitad.  Después de 1K, en el que bajamos algo más de 300 metros, me refresco un pie antes de empezar a subir ‘el muro’ (500 m. / D+ 200m.)
Primer avituallamiento líquido y siguiente cambio con respecto a recorridos anteriores. Al poco de iniciar la bajada hacia Páramo dejamos el camino habitual para coger otro cortafuegos que sale a la izquierda. En lugar de la bajada suave de años anteriores ahora tenemos una bajada más a saco (3K / D-450m.) Antes de llegar al río pasamos por un barrio de Páramo que no conocíamos, dónde volvemos a encontrar a gente animando. Gracias. Desde el río hasta Páramo tendremos una subida tendida de 1,5K en la que ascendemos 100m. Aquí tenemos el primer control. Afortunadamente voy mirando muy poco el pulsómetro porque ahora, repasando la carrera en la web de Garmin para sacar estos datos, he visto que llegué al primer control a sólo 10’ de su cierre. Es verdad que salí con la idea de conservar fuerzas para el final, pero no pensaba que hubiera ido tan justo. El avituallamiento está muy bien surtido, como siempre. Tomo isotónico, un mix de frutos secos con pasas, plátano, naranja y no me enredo más. El año pasado mi carrera se acabó aquí, pero no pienso en ello. Llega Juanma Campoy cuando ya estoy saliendo.
El mítico Ciego Sabino subiendo a La Campona

 A partir de aquí tenemos la subida a La Campona, el punto más alto de la carrera y el único en el que este año encontraremos nieve. Son 7,5K en los que subiremos 750 metros. Aquí se puede correr casi todo el tiempo, aunque en algunos tramos más duros prefiero conservar y camino. Al poco rato de salir de Páramo me alcanza Juanma y vamos más o menos juntos buena parte de la subida. En algún momento él se queda definitivamente atrás. Llego a la nieve. Está dura, pero la huella bien marcada, aunque poco profunda, te permite avanzar con seguridad. Al poco rato veo a Jorge Ochoa y seguimos juntos hasta el avituallamiento que hay en el alto. Desde lejos se ve un montón de humo saliendo del refugio. Al acercarnos vemos un todo terreno de los bomberos. Supongo que alguien se ha llevado un buen susto, pero ya se les ha debido pasar porque están haciendo coñas del tema.       
Primout
 El avituallamiento es líquido y aprovecho pata tomar un gel. Jorge no los ha probado nunca, pero me pide uno porque parece que se está quedando un poco sin pilas. Le recuerdo lo de no probar nada nuevo en carrera y le digo que hay gente a la que estas cosas le sientan mal. Insiste, le paso uno y afortunadamente parece que le fue bien.
La bajada hasta Primout se inicia por nieve, pero ésta no llega al bosque, así que ya no parece el bosque de Narnia (bautizado así por Manu Tapiero por su aspecto en años anteriores) Durante la bajada se va notando el calorcillo del valle y me quito el cortavientos que ya no saldrá más de la mochila. Llegamos al control de Primout media hora antes de su cierre. Avituallamiento líquido y sólido. Vuelvo a hacer un mix sólido fantástico que me devuelve los niveles de energía. De momento mis músculos no han dicho ni mu, pero como dice Lolo, ‘esta carrera empieza en Pico Negro’. De momento hay que hacer el tramo más anfibio (o al menos eso creía yo entonces)
El puente nuevo de Primout
Los 4,5 kilómetros que nos separan de la Braña de Santa Cruz son los más llanos del recorrido y alternan la senda junto al río con el río como senda. Pero uno de los momentos más guapos es justo después del avituallamiento, cuando toca cruzar el río Primout, que este año parece que lleva más agua. Y a partir de aquí es un todo para arriba que en kilómetro y medio sube 400 metros hasta alcanzar la cumbre del Pico Negro. Al tran tran, sin prisa pero sin pausa, tardamos 40’ desde el río hasta la cumbre.
El río Primout y la Braña de Santa Cruz
En algunos tramos de la subida nos ha ido atizando el aire con ganas, pero no es nada comparado con lo que sopla arriba. A pesar de ello, hay bastantes personas animando con entusiasmo. En un cálculo rápido imagino que Alfredo Gil, Arca, Zaid y compañía habrán pasado por aquí hace más de 2 horas, y mi agradecimiento por esos ánimos se multiplica. GRACIAS. La verdad es que los últimos metros los subes con más energía gracias a ellos.
En la vida hay que mojarse... y disfrutar haciéndolo.
A pesar del tute que nos acabamos de meter para el cuerpo, corre un vientecillo que no anima a pararse ni un rato, así que para abajo.   Este tramo es nuevo para mí y parece que en gran medida también para quienes completaron la carrera en 2014. Afortunadamente todo está muy bien organizado y la salida del último tramo de Aquapark es por un vadeo  profundo que deja limpitas las zapas y luego una alfombra de hojas de roble y castaño ayuda un poco a secarlas. Cuando llegas a Santa Cruz vas impecable.
El público aguantando el frío del Pico Negro. Grandes.
El primer tramo es muy rápido y después se hace más sosegado y cómodo. En un kilómetro y medio llegamos al último avituallamiento, en La Collada. Aquí me quedé sin dorsal hace dos años, pero tampoco lo pienso. Son casi las 2 de la tarde, queda una hora y cuarto para el cierre del control de meta y faltan menos de 4K y algo más de 400 metros de desnivel negativo. Mientras escribo esto, mis cuádriceps y yo recordamos las palabras de un tipo que sabe mucho de correr por el monte.

La gente solo mira el desnivel positivo de las carreras, pero bajar a veces puede ser más jodido que subir. No es una cita textual, pero espero no haber desvirtuado el mensaje del gran Berrio. Esto es más real cuanto más cargados están tus músculos. Si la bajada es suave y sostenida todo es fácil, pero no es el caso. Tramos por el bosque con bastante desnivel y… ¡¡¡¡volvemos al Aquapark!!! Río, río, río y cuando tienes las zapas bien limpitas, barro, barro, barro…
Última rampa antes de meta.
Bego me está esperando en el mismo sitio en el que estuvimos al final el año pasado y corre con nosotros los últimos 700 metros. Ha estado haciendo fotos a los machacas en Pico Negro, así que también se ha hecho unos cuantos kilómetros. Para un paquete como yo, prepararse para poder terminar carreras como Alto Sil requiere dedicar tiempo a entrenar que a veces no es sencillo encontrar. Sin el apoyo de Bego sería imposible. GRACIAS.
La entrada en meta es un momento muy especial, y poder compartirlo con Jorge lo hace un poco más especial. Y como guinda resulta que me ha tocado un frontal en un sorteo.
¿Quién da más? Me paso por el avituallamiento y nos acercamos a la furgo para cambiarme antes de comer. Hacer paella para cientos de personas debe ser muy complicado, pero si una buena parte de tus comensales se acaban de meter una zurra como ésta, es más fácil recibir una ovación. GRACIAS.
Dos tíos felices
Físicamente me encuentro mucho mejor de lo que pensaba. El tobillo apenas ha dicho nada en toda la carrera y parece que el tostón del gimnasio funciona. El otro día me preguntaron por el título del blog. En este mundo de gastazapas y RRSS, a veces parecemos más preocupados por contarlo que por correr, pero yo elegí la expresión Correr para contarlo por un significado que tiene más que ver con la supervivencia. En los últimos 5 años correr me ha ayudado a mantenerme más o menos a salvo, incluso cuando la amenaza era yo mismo. Muchas veces corro solo, pero cuando lo hago en compañía suelo rodearme de los mejores, aunque algunos sean tan paquetes como yo. Mi carrera del domingo también les debe mucho a las personas con quienes comparto kilómetros. GRACIAS.

martes, 30 de diciembre de 2014

San Silvestre Trail de Pedrezuela. 27/12/2014


No están todo los que son, pero son todos los que están

 Cierro el año con la misma carrera que el año anterior. En sólo 3 ediciones, la San Silvestre Trail de Pedrezuela se ha convertido para muchos en un clásico imprescindible del calendario navideño. Un recorrido precioso, una organización fantástica y un montón de amigos, ¿quién necesita más motivos para acudir a esta cita el último sábado del año? El CDETM de Pedrezuela nos propone un recorrido muy atractivo que, sin alcanzar los 1.000 metros, acumula 520 de D+ en 18 kilómetros técnicamente muy diversos. El cañón del Guadalix pone la guinda al paisaje.
El tipo del gorro no tenía ni idea de cómo iba esto...
Este año Bego se había apuntado de voluntaria, por lo que mi cita se adelantó un par de horas. A las 7:30 debíamos estar en el polideportivo. Allí supe que Juanma, a quién conocí en el mes de marzo en Alto Sil, formaba parte de este club y participaría como escoba. Estuve charlando con su padre, también voluntario y veterano ultramaratoniano. Juanma tiene muy alto el listón para ser el gastazapas nº 1 de la familia.
 Poco a poco fueron llegando caras conocidas. Besos, abrazos y muchas fotos.
Llega la hora. Pasamos el control de chips (muñeca) y al cajón. Busco a Juan. Veo su gorra unos diez metros por delante. Está con su amigo Nacho, a quién reconozco de la peli de la Trail Walker y Javier Belloso. Me gusta correr con el keniata. Solemos llevar ritmos similares, tenemos planteamientos parecidos y casi siempre llevamos la misma camiseta (yo hoy llevo la negra del Culmen-RdB MT) Habla pero nunca parlotea, es un buen compañero. También podría quedarme con Juanlu y los FFDR, pero van a salir muy atrás y prefiero no llegar muy retrasado al río.
Gerardo 'repasándome' después de una paradita
Ponemos un ritmo con el que me siento cómodo. Algunos corredores nos pasan, como Gerardo (2 veces) y nosotros alcanzamos a otros.
En el río evito el atasco por el paso marcado, vadeándolo un poco más arriba. El agua está fresca y disfruto con el chapoteo.
Pasamos el primer avituallamiento en el que prácticamente no para nadie. Corremos juntos en las pistas y uno tras otro en los senderos y tramos más técnicos. Unas veces Juan va delante y otras yo. El último tramo antes del 2º avituallamiento voy yo delante. Cuando llego, cojo un pedazo de plátano y otro de naranja mientras espero que él llegue. Me extraña que no lo haya hecho ya porque veníamos juntos todo el tiempo. Espero otro rato y pienso que ha debido pasar ya, sin que me haya dado cuenta. Dejo el avituallamiento y vuelvo a la carrera. Intento mantener un ritmo más o menos vivo el resto del tiempo. No volveré a encontrar ninguna cara conocida hasta ver a Mapi en el punto en el que se dio la salida.
Km. 16. (c) Sebastíán Navarrete
Al final no me quedaba mucho más por exprimir. 1:54, 10’ menos que el año pasado. Busco a Juan en la zona de meta pero no parece que esté por aquí. Me pongo en la fila del caldito y el bocata. Bego está dando el caldito y me hace un resumen de los amigos que han ido pasando por allí. Estoy charlando con Celso cuando llega Suso y me dice que Juan ha tenido un accidente con una rama y se ha hecho una brecha en la cabeza que sangraba bastante. Todos los que van llegando hablan de la brecha de Juan, pero las noticias van siendo algo más tranquilizadoras. Reyes le ha dejado su buff para que lo use como vendaje. Afortunadamente la herida fue más aparatosa que grave y nuestro keniata blanco ya estará dándole a la zapa, seguro.
Termina un año con luces, sombras y claroscuros, como todos supongo. La diferencia está en las proporciones, pero sobre todo en cómo te afectan unas y otros. Ahora creo que disfruto más corriendo de lo que lo hacía el año pasado. En 2015 he conocido nuevos compañeros gastazapas y he disfrutado de momentos fantásticos con algunos de los ‘viejos’.
Llegando a meta
Hace poco he empezado a ir al gimnasio. En noviembre, dos días después de asegurar ante unas 15 personas que no me interesaban los ultras y que me daban alergia los gimnasios, me tocó un dorsal para el GTP. Afortunadamente puedo elegir distancia y me quedaré con el TP60. No hay que despreciar a la Providencia. El gimnasio sigue sin gustarme demasiado, pero no es tan aburrido como pensaba. En 2015 espero encontrar el modo de enfocar y coordinar mis entrenamientos y carreras para ir progresando durante el primer semestre y encarar mi reto del Peñalara con las máximas garantías. Mi objetivo es disfrutarlo de principio a fin, y si llego de día mejor.
Mi excursión del 28 de junio de 2015. ¿Te apuntas?
Luchad por vuestros sueños(,) insensatos.






Las fotos son de Mapi, Marian y Navarrete.
Gracias a los 3. 

lunes, 6 de octubre de 2014

41st BMW BERLIN MARATHON


Bego volvía a Berlín después de 20 años. Entonces me regaló una camiseta con esta imagen. Aún la tengo.

¿POR QUÉ BERLÍN?
Quién me conoce sabe que cada día disfruto más corriendo por el monte y menos por el asfalto, pero he decidido seguir corriendo, al menos, un maratón de asfalto al año. Me ayuda a valorar mi evolución y a saber en qué punto me encuentro. Y me gusta.
Si vives en Europa y corres maratones, parece lógico que antes o después decidas pasar el último domingo de septiembre recorriendo las calles de Berlín con otras 40.000 personas. Aquí se celebra el que para mucha gente es el mejor maratón del viejo continente. Cuando leí las crónicas de Alberto y Santi de sus participaciones en 2011 yo ni siquiera había pensado en correr mi primer maratón, pero ahí quedó la semillita. El año pasado estuvo Celina, que se marcó un carrerón. Su crónica fue fantástica y yo la leí con especial emoción mientras esperaba la confirmación de mi preinscripción. Porque desde el año pasado hay un sorteo para cuadrar las solicitudes (74.707) con el máximo de inscripciones que los organizadores admiten (40.000) Afortunadamente, el 31 de octubre me notificaron que estaba entre los ‘elegidos’ y el 4 de noviembre, primer día para formalizar la inscripción, agarré la VISA y cerré mi cita con el maratón para 2014: Berlín / 28 de septiembre. Por cierto, en paquete básico, porque esta prueba no es precisamente barata. Entre 98 y 159 €. Así que ni siquiera tengo una camiseta de recuerdo, cuestión que me trae bastante al pairo, todo hay que decirlo.
Feria del Corredor en el viejo aeropuerto Berlin-Tempelhof
Habían pasado 2 semanas del maratón de Amsterdam y aún no hacía un año de mi ‘bautismo’ en Valencia. Entre ambos había corrido el maratón de Madrid. Hoy no toca hablar del impresentable sr. R., pero en Berlín me resultó inevitable establecer algunas comparaciones con el maratón de mi ciudad. ¡Cómo es posible que en una carrera de 40.000 personas no tuviera que esperar cola (NADA) para dejar la bolsa de la ropa antes de la carrera! ¡Y para recogerla al finalizar tampoco! ¡Ni para la medalla, ni para la bolsa con fruta, ni…! No me extenderé, pero creo que el sr. R. debería venir por aquí con una libretita y un lápiz. Y si encuentra algo de humildad que la eche también a la maleta, que le ayudará si realmente decide aprender algo. Y por supuesto no acepto que se haga de esto una discusión de tópicos Alemania vs España. Ni nosotros somos víctimas de una maldición divina que nos impida ser eficaces, ni las organizaciones alemanas son siempre impecables. Hablo del maratón de Madrid y el maratón de Berlín, que tampoco es perfecto, por cierto. Para las oleadas de salida prefiero Amsterdam, por ejemplo.

LA PREPARACIÓN
Para preparar este maratón seguí un plan genérico, de esos que tanto les ‘gustan’ a los entrenadores, de 16 semanas con 4 entrenos x semana. Mi objetivo era bajar de 4 horas. Acumulaba menos kilómetros que el que seguí para Amsterdam, pero había más intervalos y series y menos rodajes. Empecé el lunes 9 de junio, justo después de correr el Cross del Telégrafo. Durante las 16 semanas participé también en una media maratón de montaña en Lozoya, en la Zumaia Flysch Trail (32K D+1.500) y en asfalto los 10K de Sotillo, en los que hice MMP: 44:16 y la MM de Logroño, como un Drinking Runners más.
Mogollón de stands. Marcas, carreras...
Excepto las dos semanas que estuvimos de vacaciones, en las que me olvidé del Garmin y salía a correr el rato que me apetecía y a los ritmos que me daba la gana, las otras 14 semanas puedo decir que he sido bastante disciplinado. Entrenar en verano, cuando vives en Valdemoro y trabajas en Madrid, es salir muy tarde o muy temprano. Esas ‘horas centrales del día’ que te aconsejan evitar las autoridades sanitarias, en la estepa mesetaria son 8 ó 9. Pero con la complicidad imprescindible de mi familia, pude ir sacando uno a uno todos (o casi todos) los entrenos del plan. Una buena parte de estos entrenos han sido en solitario, pero de los que he compartido con amigos y compañeros gastazapas recuerdo especialmente la tirada larga que hice el 7 de septiembre, a falta de 3 semanas. 
Empezamos Markos, Alberto, Juli, Jan y yo. Jan nos dejó pronto porque quería hacer algo más específico de cara a la Magovia y Juli hizo lo propio cuando aquello empezó a hacérsele demasiado largo. Pero Alberto y Markos, las dos personas con las que más horas de entrenos he compartido este año, me aguantaron los casi 30K de tirada cuando para ellos en ese momento tal vez no era lo más oportuno ni apetecible. Gracias chicos.

LA VÍSPERA
Viajamos a Berlín el sábado por la mañana. A mediodía estábamos en la Feria, que se celebra en el antiguo aeropuerto de Tempelhoff. A lo largo de cientos de metros tienes a izquierda y derecha tropocientos stands de marcas y carreras, y al final del recorrido está la zona en la que te entregan la exigua bolsa del corredor. Dorsal, chip, una esponja, una pulserita de goma y la mochila para el guardarropa con una pegatina con tu nombre y dorsal para identificarla. Y papeles…
Mercadillo en la isla de los museos
Recogida la bolsa (sin ninguna espera) la hora recomienda un primer avituallamiento líquido y sólido y lo hacemos en uno de los chiringuitos que hay al pie de las pistas. Resulta extraño para este españolito de a pie, ver que en el interior de la ciudad más poderosa de Europa se puede mantener un espacio abierto de varias decenas de hectáreas, completamente diáfano, para uso y disfrute de la gente. Cuesta creer que el fin de las operaciones en el aeropuerto no generase ninguna operación urbanística especulativa. Felicidades berlineses.
Después de nuestro primer contacto con el currywurst y la cerveza alemana, nos vamos al hotel. De camino pasamos por un mercadillo en la isla de los museos. Junto al río encontramos unas parejas bailando tangos. El día anima a salir y parece que los berlineses necesitan poco para echarse a la calle. El hotel está muy cerca de Alexander Platz, justo enfrente del Instituto Cervantes. Dejamos los trastos y salimos a descubrir el barrio. Cenamos en un italiano el plato de pasta que indica el manual del buen maratoniano y a dormir.

LA CARRERA
La zona de las mochilas estaba frente al Bundestag
Desde la ventana se ven ríos de corredores caminando hacia el metro. Desayunamos y nos unimos a la marea. Decidimos bajarnos en Friedichstrasse y bajar andando hasta la Puerta de Brandenburgo. Hemos quedado con Vicente en la embajada americana. Allí está. Lleva un buen rato, nos cuenta que no ha dormido bien. Yo, en cambio, he dormido como un lirón. Estoy descansado. Excitado, pero no atacado. Emocionado, ilusionado… listo para disfrutar la carrera y dar lo mejor de mí mismo, espero que durante menos de 4 horas. Bego nos hace las últimas fotos antes de entrar en la zona restringida a corredores. Dejo la bolsa con una camiseta y el forro que traía puesto. Me pongo por encima el plástico que proporciona la organización para que no cojamos frío hasta la salida. Vamos a nuestro cajón, el G. Tiempos previstos, desde 3:50 a 4:15. Hay que caminar un ratillo. Toda la zona de salida está dentro del Tiergarten, un parque enorme vertebrado por la Strasse des 17 juni, calle en la que se encuentran la salida y la llegada. Cuando entramos al cajón ya está bastante repleto y nos quedamos muy atrás. El speaker anima la espera. Aquí hay gente de mogollón de países. Se acerca el momento de la verdad y en la megafonía suenan los primeros acordes de la cabalgata de las walkirias de Wagner. Los pelillos se estiran un poco más. Hordas de runners salen, al galope o al trote, a conquistar Berlín. No es una batalla conjunta, son 40.000 intentos de conquistas particulares. Unas tendrán éxito y otras no. ¿Cuántos kilómetros acumularán estos 40.000 pares de zapatillas? Las adidas de Vicente ayudan poco, porque prácticamente las estrena hoy, sólo tienen 20K. Las de los top tampoco sumarán demasiados, pero a pesar de Vicente y de los keniatas, creo que entre todas pasarán el millón de kilómetros seguro. 
Así se va en el kilómetro 7
Kimetto y compañía salen a las 8:45. Nosotros pasaremos por el arco de salida 16’ más tarde, en medio de un mogollón de gente impresionante.Vicente y yo hemos decidido hacer los primeros kilómetros juntos. Luego iremos viéndolo sobre la marcha. He planteado intentar un ritmo medio de 5:30, eso significa pasar la media sobre 1:56. En el Garmin llevo 2 pantallas. La primera indica distancia, tiempo y ritmo medio. La segunda ritmo del kilómetro anterior y ritmo ‘actual’. Éste último lo entrecomillo porque así es también cómo lo interpreto.
En los primeros kilómetros resulta complicado mantener el ritmo porque hay muchísima gente que va más lenta y tienes que ir superándolos sin incordiarlos, ni perder mucha energía en el empeño. El público está por todo el recorrido, la animación es constante, temperatura perfecta, nada de aire… Es el día perfecto para correr un maratón.
En el kilómetro 7 empieza la música y se me va Vicente. Le pierdo de vista un momento y cuando vuelvo a verle está bastante lejos. Yo no quiero ir tan rápido. En el ritmo medio voy contrarrestando una salida bastante lenta encadenando kilómetros entre 5:26 y 5:36. Antes del 10 sólo habrá 2 que se salgan de ese rango (5:06 / 5:13) En mi estrategia, además del ritmo medio, hay otro punto clave: no pasar 2 kilómetros seguidos por debajo de 5:15. Es una forma de evitar que un exceso de entusiasmo me acabe pasando factura. Sé que la mayoría a estas alturas estaréis hasta el gorro de leer números y estaréis pensando ¿este tío habla de disfrutar un maratón? ¡Si parece Victoria Abril en el 1,2,3. He corrido un maratón en el que prácticamente no miré el Garmin en las 4 horas y 11 minutos que estuve corriendo. Madrid. Lo hice íntegramente con Juan Seguí, no llevaba ningún objetivo en la cabeza y lo disfruté. Pero en Berlín me lo he pasado de puta madre y, aunque parezca difícil de creer, en ningún momento me sentí agobiado por la marca.
Esto es en el paso por la media. 1:56:01
Tampoco es que fuera controlando kilómetro a kilómetro. Muchos de los datos que me dio el Garmin al volcarlo el track a la página los veía allí por primera vez. Pero sé que no podría haber corrido este maratón sin pulsómetro. Otro seguro que sí. Y sabré disfrutarlo tanto o más que éste.  Nueva York podría ser un candidato inmejorable para correr sin Garmin. Lástima que esté absolutamente fuera de presupuesto (acepto mecenas, siempre que me respeten)
Volvamos a la carrera. Ya he dicho que en el kilómetro 7 empezaba la música. Pues bien, la música es un elemento accesorio en este maratón. Uno de los motivos por los que yo recordaré siempre el maratón de Berlín es por la cantidad, calidad y variedad de bandas que me ayudaron a disfrutar aún más de esos 42 kilómetros. La música es una parte esencial de esta fiesta. Se funden con naturalidad un cuarteto de jazz con otro barroco, una batucada o un grupo de rock. Subidón especial sentí en el kilómetro 18 cuando un grupo que ya he localizado en Spotify, Blackmail, estaba tocando She’s some kind of wonderful, de Grand Funk Railroad. Curiosamente, me he reencontrado con esta banda americana, a la que mi madre nunca llegó a apreciar del todo en los últimos ’70 y primeros ‘80, mientras preparaba este maratón.
Postdamer Platz. km. 38. El Ave Fénix volando hacia la meta
Volvemos a la carrera después de la penúltima disgresión. Los avituallamientos son bastante largos, pero se producen embotellamientos inevitables. En este aspecto ayuda poco el tema de los vasos, del que creo que ya hemos hablado en alguna ocasión, pero no quiero pensar lo que podría pasar con botellas de agua por el suelo como vasos había. Llevo mi cinturón de hidratación con 3 geles que, en principio, pienso tomar hacia el 17, 28 y 35. Utilizaré todos los avituallamientos que hay en carrera excepto el primero, en el 5, y el último, casi en el 41. Pierdo tiempo, pero bebo casi un vaso completo en cada punto. A medida que avanza la carrera se va notando algo de calor, y no me importa perder un poco de tiempo a cambio de hidratarme correctamente. Alterno agua e isotónicos, excepto si toca gel, que tomo siempre con agua.
La carrera nos muestra algunos de los lugares que todo el que visita Berlín quiere conocer, pero también nos enseña otros espacios alejados de los circuitos turísticos que resultan muy atractivos. Correr 42 kilómetros no es un mal modo de empezar a conocer esta ciudad, pero para completar la tarea no basta con quedarse hasta el lunes. Salvo que ese lunes esté, al menos, a 22 días del domingo.
Volviendo de nuevo a la carrera, en el kilómetro 34 volví a ver a Vicente. Iba pegado al lado izquierdo y parecía estar rodar muy redondo.
Poco después de pasar bajo la Puerta de Brandenburgo
Le llamé, chocamos las manos y me dio ánimos para ir a por el 3:50, supongo que me vería muy bien, pero yo no iba tan bien como hasta ese momento. Realmente tuve un pequeño bache entre el 34 y el 37 en el que tuve que tirar de todos los recursos que me quedaban. No llegué a ver en peligro el sub 4h, pero es lo más cerca que estuve de sufrir en toda la carrera. Tomé el último gel, me acordé de mis chicas y me acordé mucho de otra chica que es muy especial para todos los que la conocemos y que estaba corriendo a mi lado desde el principio pero extrañamente callada desde la salida. Pensé, si consigo ponerle la mitad del coraje (Berri habría expresado esto mucho mejor, de un modo más gráfico) que ella le pondría, aún puedo recuperar parte del boquete que me acabo de hacer y terminar esta carrera cómo merece. Joder, no sé si fueron los hidratos del gel o el espíritu luchador de Almu que me poseyó, pero de repente decidí que había que darle hasta que se acabara la gasolina y mi cuerpo respondió perfecto. A partir de ese momento ya no miré el pulsómetro. Sólo me guiaba por los puntos kilométricos y a medida que se acercaba la meta forzaba un poco más. Realmente me sentía muy bien. Sabía que podía petar, pero no pensaba hacerlo.
Vosotros no podéis verlo, pero yo sí. El arco de meta.
Cuando pasado el 41 giras a la izquierda y ves la Puerta de Brandenburgo, la emoción te embarga, aunque no le debas nada. Reconozco que en ese instante me salió mi yo más competitivo. Había chocado muchas manitas a lo largo del recorrido, pero ahora no era el momento. No para mí, Celina. Vi a una chica de rosa que me había pasado en el momento bajón como si yo estuviera parado. Estaba a unos 50 metros, tal vez más. Pensé que alcanzarla confirmaría que había arreglado el boquete de aquellos kilómetros malos. Cuando ahora lo escribo, me cuesta encontrar una fórmula para no parecer un completo capullo. Tal vez la demanda extra de oxígeno que reclaman los músculos en una situación así deje al cerebro un poco desatendido y esté justificado pensar como un adolescente en el patio del colegio. A lo mejor tiene mucho más sentido pensar como lo hice del que le encuentro ahora al escribirlo. Sea como fuere, la alcancé, la pasé y con el arco a la vista esprinté con todas mis ganas. 


PS: Después de publicar esta crónica he visto las fotos de la web marathonfoto.com y en realidad la chica de rosa, que se llama  Satoko Fujihara, acabó dándome pa'l pelo. Os juro que había olvidado completamente su repaso.  おめでとう
EPÍLOGO
Un rincón del Berlín alternativo que recordaba Bego.
Berlín ha sido mi 4º maratón y, sin duda, el mejor hasta el momento.

No sólo porque haya hecho mi mejor marca, 3:51:21, bajando 10’ la anterior y quedando a  sólo 1:50:24 del nuevo record de Kimetto, sino porque haciéndolo disfruté de principio a fin. Incluso en los momentos delicados, que también los hubo, porque no me dejé tragar por ellos, claro que tuve una ayuda de lujo.
Creo que me exprimí con cabeza, pero bastante a fondo. No creo que mi mejor marca posible esté muy lejos de la que hice el día 28. Quiero decir, con el planteamiento actual, auto-entrenando y sin pasar de 4 días a la semana, que ya me parece bastante para conciliarlo razonablemente con la vida familiar, laboral, etc. No dejar que una sana afición se convierta en una jodida adicción, vaya.
El circuito, además de ser el flat & fast que registra los últimos nosecuantos records del mundo, recorre una ciudad sin la que no podría explicarse buena parte del siglo XX. No soy historiador ni siquiera ‘un buen aficionado’, pero, sin entrar en valoraciones de buenos y malos (o malos y malísimos) Berlín es una ciudad clave para entender el siglo XX. Y a pesar de que la RAF y la USAAF hicieron un trabajo exhaustivo, aún quedan edificios que nos hablan de esa noche oscura en la historia de la humanidad.
Postdam Platz 1994
Postdam Platz 2014
El domingo por la tarde y, sobre todo, el lunes hasta que fuimos al aeropuerto, donde batimos algún record oficioso seguro, porque llegamos los últimos a la puerta de embarque y con la lengua fuera, caminamos Berlín. Si Rumbao debería conocer este maratón sí o sí, los políticos españoles deberían darse también una vuelta por la ciudad entre genuflexión y genuflexión a la cancillera. Tal vez así entenderían que hay heridas que es mejor dejar que supuren en lugar de cerrarlas infectadas. 
Peace & Love (please)